Todos necesitamos un altar en el cual susurrar nuestras plegarias y que sean oídas. Unas manos cálidas que se entrelacen con las propias que están frías. Una voz suave que nos hable al oído y nos consuele.Un espacio en el pecho donde descansar nuestra cabeza. Un abrazo que "nos llene el hueco".
Unos labios dulces para besar, pechos del tamaño justo y preciso, de los cuales probar su miel.
En resumen, mi entereza se agota lejos tuyo, cuando pierdo ese pedacito de cielo, ese refugio en la tormenta, tu Rock and Roll.
No te digo todo esto porque siento que no es el momento de expresarme con vos. Si te sentís enamorada poco puedo hacer, estas palabras nunca tocarán tu corazón. Pero si hay algo que aprendí es que la vida es impredecible, quizás algún día me estés extrañando, recuerdes este blog y estas palabras te suenen agridulces pero para eso es lo siguiente.
Cuando encuentres estas palabras quiero que imagines un ideal. Yo te abrazo, te susurro lo que sea que necesites escuchar en este momento (cuando leas esto), me convierto en tu altar, vos sonreís mientras te tomo de las manos y te prometo que todo va a estar bien, te acaricio con paciencia, te pones tonta y nos reímos.
Y ya que te estas sintiendo mejor, es el momento para la frutilla del postre.
Pero eso lo tenes que imaginar vos.
Hasta siempre princesa.
